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martes, 8 de julio de 2014

SOBREMEDICACION. MEDICALIZACION DE LA VIDA.

Medicalización de la vida.

Por: Dr. Juan Carlos Gimenez, Director del Comité de Prevención Cardiovascular de la Sociedad de Cardiología del Norte Bonaerense (Federación Argentina de Cardiología)
Hoy la frontera de la salud y la enfermedad es una zona gris, según el autor de este artículo, el doctor Gimenez, que ya casi ni la propia Medicina puede definirla. Como indica, la intervención de otros actores: las empresas farmacéuticas, los medios de comunicación y hasta la misma sociedad, están dando pie a una excesiva medicalización de la población
“La Medicina ha avanzado tanto que ya nadie está sano”, afirmaba Aldous Huxley hace más de medio siglo y con el correr de los años se fue instalando una cierta manera de entender la salud más cerca de la utopía que de la realidad. Todo  comienza cuando la Organización Mundial de la Salud, pretendió definir a la salud “…como un estado de bienestar físico, psíquico y social…..”, adjudicándole un carácter subjetivo y a la vez utópico, que se asemejaba más al concepto de “felicidad” y no al de salud. Según este criterio, salud abarcaría la satisfacción en las actividades diarias, el significado de la existencia individual y hasta la percepción del logro en las metas y de la autoimagen. La complejidad de la sociedad moderna alcanzó también a la Medicina y hoy existe una tendencia de cambiar y ampliar cada vez más el concepto de salud, que al conectar áreas tan diversas como las sociales, políticas y económicas, logró que los determinantes de salud no sean inherentes al individuo sino que se encuentren fuera de él y lo que es más preocupante, fuera del campo de acción de la Medicina. Fundamentándose en los grandes avances que de la ciencia médica y en la afirmación de la O.M.S. en ciertos ámbitos de la Medicina se cree que es difícil encontrar personas sanas y si aparentemente lo están es porque no se les han hecho suficientes pruebas o cuestionarios médicos. Algunos llegaron tan lejos, que consideran a una persona “enferma” cuando encaja en una definición de enfermedad (o de pre-enfermedad), es decir, o por resultar positivas ciertas pruebas de laboratorio (identificando factores de riesgo) o cumpliendo ciertos criterios diagnósticos, que a veces son arbitrarios. El proceso de medicalización alcanzó también al lenguaje ordinario, introduciendo metáforas médicas en nuestra cultura, particularmente la usando “la enfermedad como metáfora” según ciertos estilos patológicos que ejemplifican la construcción social de la realidad. Hoy no es extraño escuchar la sociedad está “enferma”, existe “remedio” para la inseguridad y hasta “la receta” del F.M.I., entre otros múltiples conceptos propios de la Medicina. A medida que la ciencia médica fue avanzando, el ejercicio de la Medicina se hizo cada vez más complejo.
La industria farmacéutica y el desarrollo tecnológico participan cada vez más en la definición de la enfermedad en términos biométricos alejados de la experiencia del enfermar, del dolor y de la incapacidad. Se etiquetan como enfermas a grandes poblaciones por el hecho de no ajustarse a unos estándares considerados interesadamente como óptimos. Se define la enfermedad ante síntomas leves, aspectos estéticos, presencia de factores de riesgo, por la probabilidad de padecerla o por el sufrimiento que causan algunos alejamientos de la normalidad o del ideal. Con esta estrategia la industria consigue expandir sus mercados y favorece la creencia de que para todo existe una solución farmacológica que está a la venta. Es decir, la salud es un producto que se  vende.
Después de los profesionales sanitarios, los medios de comunicación de masas son la principal fuente de información sobre temas de salud. Su discurso condiciona en la población falsas expectativas sobre una Medicina como ciencia exacta inexistente. Los medios de comunicación favorecen la mitificación de la sanidad creando expectativas que están por encima de la realidad, sin resaltar que la medicina tiene poderes limitados y que los médicos no los saben todo. Cada vez que se realiza un etiquetado de enfermedad, la consecuencia inmediata es que para cada proceso existe un tratamiento. Frecuentemente esa terapia se prescribe sin dar a la persona la información adecuada sobre la naturaleza de los beneficios y efectos adversos, y por tanto, sin tener en cuenta las preferencias y aversión a los riesgos de cada uno. La evidencia disponible informa que muchos pacientes tienen claras preferencias respecto a los posibles tratamientos, que éstas no son siempre predecibles, que los médicos a menudo no logran su cabal comprensión. La extensión de las nuevas enfermedades a campos como el nacimiento, la menopausia, el envejecimiento, la sexualidad, la infelicidad y la muerte puede seguir sin mayores problemas con la definición de la “angustia laboral”, la “ansiedad nutricional” o todo tipo de desequilibrios  afectivos y personales. El malestar que provocan algunos alejamientos de la normalidad o el ideal, como calvicie o las arrugas, puede extenderse con más motivo hasta los déficits de elocuencia, oído musical, o capacidad de razonamiento lógico, problemas prevalentes y tratables, pero aun no sentidos como insuficiencias. El mayor nivel de desarrollo suele ir unido a una cultura consumista (medicina incluida) y en la sociedad crece el rechazo de la enfermedad y la muerte como partes inevitables de la vida. Los inconvenientes cotidianos se vuelven intolerables. Aumentan el hedonismo, que tiene como bandera fundamental el placer y el bienestar, y el materialismo, de manera que sólo cuenta la posesión y el disfrute de bienes materiales que, por muy abundantes que sean, siempre causan insatisfacción. K. Arrow, Premio Nobel de Economía en 1963 decía: “La sola aplicación de las leyes del mercado, hace que mucho sanos se conviertan en enfermos y los enfermos que se sientan más enfermos”.
La participación de las compañías farmacéuticas en la definición de una enfermedad es una fórmula contrastada para aumentar el número de enfermos que precisan asistencia médica y tratamiento. Las farmacéuticas defienden así sus legítimos intereses financieros. Pero estos intereses pueden significar un gasto sanitario innecesario y un problema de salud pública. Según el Britsh Medical Journal, es más fácil crear nuevas enfermedades y tratamientos, si la sociedad acepta que muchos procesos normales de la vida necesitan tratarse con medicamentos. No es de extrañar que actualmente se consulte a los médicos cada vez más por un espectro de problemas banales más amplio, siendo esta expansión de la Medicina, que ahora abarca muchos problemas que antes no tenían entidad médica, lo que se denomina medicalización. Finalmente, el uso actual del término “medicalización” está influenciando en casi todos los aspectos de la vida cotidiana, y connota una apreciación crítica por los efectos negativos, paradojales o indeseables, de tal fenómeno. Mientras todavía se esté a tiempo, es importante que la sociedad y especialmente los trabajadores sanitarios, debamos plantearnos cuáles serán las consecuencias que provocará haber medicalizado la vida y adonde puede conducir esa senda que se ha elegido.
Fuente: infomedicos.org
VER EL SIGUIENTE VIDEO: ¿SOBREMEDICADOS?.


lunes, 9 de junio de 2014

LA MALA MEDICINA.



Realmente al buscar recuperar la salud nos encontramos ante una encrucijada, ¿Voy al medico o no voy?, ¿Porqué?....
Porque hoy mas que nunca nos damos cuenta que realmente hay cada vez mas padecimientos y menos curas para los mismos, haciendonos la pregunta de si verdaderamente vale la pena ir a ver al medico convencional o buscar otro tipo de alternativas para tratar de recuperar la salud perdida. 

La medicina alopática, convencional, institucional, o farmacológica ha decidido autodenominarse actualmente  como “medicina científica” en un  intento de retomar su prestigio perdido y así marcar distancia  con otro tipo de conceptos de salud y terapias que a su juicio, no han “demostrado” sus fundamentos. Pero, ¿qué cura realmente la medicina científica?. Pues la verdad es que muy pocas cosas. La mayor parte de lo que ofrece (a excepción de la cirugía), son fármacos que mejoran los síntomas.

El ciudadano promedio desconoce muchos de los factores que afectan al modo en que se ejerce el control sobre su salud y su seguridad por parte de los políticos, gobierno, las autoridades internacionales y los grupos de poder organizados que influyen en los anteriores. Control que en ocasiones se hace de forma solapada y secretista pero en otras de forma tan abierta como arbitraria y antidemocrática. A pesar de lo cual, consciente de ello, en un impresionante alarde de valentía, miles de profesionales de la salud alternativa y disciplinas afines así como profesionales de la medicina conve3ncional pero simpatizantes y defensores de los tratamientos naturales desafían hoy el actual autoritarismo reinante abriendo, las puertas de sus centros, consultas y clínicas a otras terapias, jugandose con ello el pellejo sabiendo de que pueden ser sometidos por ello a persecución, demandas, sanciones económicas  y ser objeto de denuncias y juicios donde el poder judicial será utilizado como arma usando contra ellos todo tipo de artimañas jurídicas en pos de su total desprestigio.
Y ello con la confabulación de unos políticos incompetentes, muchas veces ignorantes de como se les utiliza pero ciertamente, de un modo u otro "casados" con los amos de la industria que domina el mundo, de la salud, de la sanidad y la medicina. Gente que se sirve de todo tipo de ingenierías societarias, financieras y jurídicas para instalar su poder en el interior de las instituciones publicas con el único fin de asentar su monopolista modus operandi y que, al tiempo, les permita actuar sin competencia alguna en el gran mercado en que se ha convertido la salud y la enfermedad.

Por ejemplo, mediante complejas actividades que incluyen la cooperación de medios de comunicación social sensacionalistas ávidos de escándalos para vender morbo, la colaboración de pacientes-trampa dispuestos a formular denuncias de todo tipo valiéndose de falsedades, engaños, y mentiras y a los que se prometen importantes gratificaciones, colegios médicos controlados y dispuestos a expedientar, suspender y expulsar a los médicos discordantes o indeseables para el grupo o sus intereses,recomendaciones a los miembros del clan para que boicoteen publicitariamente a los medios de comunicación independientes que no se sometan a sus deseos,  administraciones publicas dispuestas e expedientar y sancionar a los profesionales en discordia y clausurar sus consultas, centros o cualquier tipo de establecimiento... y todo ello con la complicidad de miembros corruptos de un establecimiento jurídico que a veces juzgan a la ligera condenando sin prueba alguna a los profesionales disidentes de la verdad oficial mancillando así su reputación, honradez, y su valía al igual que su imagen publica. Por ejemplo, mediante acusaciones de "intrusismo", ejercicio ilegal de la medicina, estafa. Todo vale con  tal de lograr el fin deseado: la supresión de toda alternativa a la medicina alópata y farmacológica. 
Algo que también se obtiene con el secuestro de toda información relevante que pueda abrir los ojos al ciudadano cortándole así su capacidad de elegir.
Lo cual permite de paso idiotizar a la sociedad civil y contentarla con un sistema público de salud que hoy es bastante más que deficiente.

Y quiero recalcar que hablo de profesionales de la salud, sin contar de antemano a las personas que si hacen un ejercicio inadecuado y apócrifo de la medicina ostentandose como profesionales de la salud cuando de verdaderamente no son más que charlatanes.

Un ejemplo de la contradicción existente en la practica de la medicina moderna y en los sistemas sanitarios establecidos, en lo que respecta a las medicinas alternativas, es que se ataca sisitemáticamente cualquier opción que difiera de lo que ellos han aceptado como válido dentro de sus propias convenciones, tantas veces admitidas por consenso a sabiendas de que no serían aceptables por simple sentido común ni resistirían un mínimo contraste analítico. A pesar de lo cual, atacan las opciones terapéuticas distintas sin comprobar siquiera si funcionan o no. Al mismo tiempo, se intenta pasar absurdamente todo por el filtro de los estudios clínicos controlados de "doble ciego", rechazando de plano todo lo que se ha contemplado previamente a la implantación de éste método. Y lo curioso es que muchas de las técnicas terapéuticas que se utilizan medicina convencional jamás han pasado por esos mismos filtros.
A pesar de no ser técnicas definitivas sino remedios paliativos en un gran número de casos y que, de modo irremediable, condenan al paciente a la dependencia de fármacos y cuidados posteriores para mantener sus condciones de vida. Sólo se ensalzan sus bondades y se presentan ante la opinión publica como grandes logros y proezas de ese grupo privilegiado de modernos héroes que pretenden ser los miembros de la clase medica en general. Es decir se practican sin más a pesar de ser puramente experimentales y no se ponen objeciones en su realización ni se criminaliza a los cirujanos que las practican. Es evidente que hay dos raceros para medir: uno para la medicina convencional y otro para los demás.

Los dirigentes de la medicina convencional han atacado, calumniado e insultado, de manera sintomática cualquier innovación o idea original que proveniera de cualquiera de las fuentes de conocimiento de las medicinas alternativas, por el simple hecho de que no se reconoce a sus practicantes, como "legítimos médicos". Y sin embargo, pretende conferir a los médicos alópatas, capacidad para operar en el campo de las medicinas alternativas a pesar de que su formación en este ámbito sea escasa o nula. Por esa misma razón, la medicina alopática es responsable de no ser capaz de obviar y erradicar de sus practicantes y docentes es obtuso prejuicio contra las medicinas alternativas a las que califica de prácticas carentes de ortodoxia, de método. Ello cuando no son acusadas simplemente de estafa e ilusionismo y sus practicantes tratados como delincuentes.


Para quienes somos observadores de este importante fenómeno de disgregación científico médica, y de bipolaridad en los últimos tiempos, lo anteriormente descrito tiene sin embargo una lectura diferente de la que se nos ha querido transmitir. Significa, sencillamente, QUE EN LA MEDICINA MODERNA EXISTE UNA PROFUNDA CRISIS.
El publico empieza a reconocer la importancia de la visión global y de conjunto de los pacientes como seres humanos y no como un conjunto de síntomas indiferenciados o de órganos enfermos de manera compartimentada y sin conexión. Se empieza a reconocer incluso el valor de la interculturalidad a la hora de abordar la problemática de pacientes concretos entendiendo que el diagnostico y tratamiento de las enfermedades debe discurrir por vías de múltiples direcciones y sentidos y no de un modo univoco y lineal hacia ninguna parte. Lo que fue considerado en su día como una frívola visión y acercamiento a los enfermos se ha tornado hoy en el mayor repertorio de claves para la comprensión, tratamiento y prevención de las enfermedades y de los daños sobre la especie humana causados por las mismas.
El paciente se siente desarraigado cuando tiene que enfrentarse a pecho descubierto con el sistema medico sanitario y su enorme complejidad, factor éste que ni siquiera es bien comprendido por quienes lo administran. El temor, la incertidumbre y el desamparo se adueñan de todo aquel que cruza la puerta de una consulta o un hospital en mayor o menor medida.
No obstante, la medicina moderna ha logrado  niveles de excelencia en el manejo de algunas de las condiciones de salud que afectan al ser humano tales como las emergencias, ciertas infecciones bacterianas, los traumatismos y muchas complejas y actuaciones medico-quirúrgicas que a diario se realizan en centros hospitalarios de todo el mundo. Pero, al mismo tiempo, ha demostrado haber fallado de un modo mísero en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad así como en el control y manejo de la cascada de enfermedades nuevas y crónicas que llenan las consultas de médicos y hospitales.
Sucede además que la sanidad, la medicina y los cuidados médicos caminan en regresión respecto al nivel exigible y a la calidad de los servicios que ofertan, al tiempo que pareciera que cuanto más pagamos menos prestaciones se nos ofrecen. Mientras la sanidad oficial, se precipita por una descendente de gastos y presupuestos sin orden ni control, y por lo tanto, insostenible.

¿Cual es la actitud de nuestras autoridades de salud?. ¡Que importa que diariamente se vean frente a frente con todo tipo de pacientes con los que la medicina tan sólo ha aportado un superficial tratamiento de la sintomatología, independientemente de la causa ligada al enfermo!. Los antibióticos, en otros tiempos la panacea de la curación y el control de las infecciones, ven desvanecerse su aura de omnipotencia frente a bacterias cada vez más resistentes y agresivas, al tiempo que sus efectos secundarios se multiplican y nuevas infecciones para las que no existen terapia siguen emergiendo. Enfermedades como el SIDA o la fatiga crónica y sus síndromes deberían de ser toda un lección de humildad para la medicina oficial que ni siquiera se digna en reconocer su precariedad de conocimientos y terapias aplicables a las mismas. Y todo esto en un gran mar de síntomas, síndromes y "enfermedades" para los que sólo existe una solución sintomática, y por tanto parcial, que en ocasiones tan sólo retarda la aparición de síntomas mayores y mas severos del proceso pero que, desgraciadamente, en muchos otros casos modifica el curso de la enfermedad llevándola a parajes desconocidos y sumando factores a la gravedad de las dolencias como la iatrogénia ( daños derivados del uso de medicamentos y técnicas que pretendían curar), hasta el punto de transformar en irreconocibles trastornos menos complejos, difíciles de distinguir, definir, diagnosticar y clasificar, empeorando esta situación a cada paso.

Actualmente hay legiones de personas que sufren afecciones de todo tipo. Desde la perdida progresiva y gradual de la energía hasta la fatiga excesiva, desde problemas digestivos hasta respiratorios. Tanto adultos como niños sufren alergias, reacciones de hipersensibilidad, cambios de humor frecuentes, jaquecas, migrañas dolores musculares y óseos, ansiedad...Millones de seres humanos integran un gigantesco grupo que algunos han dado en denominar "los enfermos verticales", personas que no se encuentran tan enfermos como para estar postrados en cama y que, no estando bien, incluso se consideran "sanas" por el hecho de que muchos de los que conocen y rodean se encuentran en un estado peor tan poco saludable como el suyo.
Son los típicos pacientes que siempre se están medicando en un constante flujo e intercambio de fármacos de la más variada naturaleza y diversidad: antidepresivos, antiinflamatorios, tranquilizantes, analgésicos, y demás farmacoquimicos que acabaran sumando dolencias a las que ya presentan.



Muchos médicos ya se han percatado de que algo está fallando en los planteamientos de la medicina que practican cuando sus pacientes presentan desórdenes del sistema inmunitario, y por tanto, manifestaciones en forma de dolencias que para un sistema inmune intacto no representan problema alguno. El resultado de estas prácticas aberrantes es una dependencia constante del tratamiento en del médico que monitoriza  los resultados y ajusta y reajusta las dosis, cambia prescripciones y se deshace en intentar dar con la clave para el remedio mientras los pacientes se hacen adictos consumidores de medicamentos y servicios en un desesperado intento de recuperar una salud que, desgraciadamente, se encuentra hipotecada en ese círculo vicioso del que es complicado y tantas veces arriesgado salir.
Así se explica que encontremos pacientes que creen que mediante el tratamiento de su sintomatología están haciendo algo por la curación o el tratamiento de su enfermedad.  Está claro que nadie sostiene que el tratamiento de los síntomas que las patologías humanas producen sea algo equivocado. Por supuesto que el control de los síntomas es importante para aumentar la calidad de vida de los pacientes, algo que legítima y honra como propósito a las ciencias médicas;  pero es erróneo pensar que mediante el tratamiento de los síntomas estamos actuando sobre la enfermedad en sí misma, y por tanto, creamos que estamos acercándonos a la solución de los problemas intentando sólo minimizar los daños que estos causan.

El origen del problema; a  mediados del siglo XIX cuando se comenzaron a descubrir los microbios causantes de enfermedades se desató toda una revolucionaria corriente de pensamiento y acción científico médica que rivalizó fuertemente con las existentes teorías sobre la salud y la enfermedad y como estos fenómenos eran comprendidos y explicados. 
La victoria de la teoría,  de la entrada invasión de gérmenes patógenos en los tejidos como agentes causales, significaría el nacimiento de una nueva medicina con énfasis en la causa infecciosa de las enfermedades en oposición al equilibrio armónico de las fuerzas vitales interactuantes. Ello propiciaría una potenciación de la medicina como ciencia en constante expansión para el estudio de las enfermedades y su tratamiento a lo cual siguió una rápida sucesión de descubrimientos como el microscopio, los cultivos bacterianos, las vacunas, lo rayos X y el descubrimiento en los años 30 de la penicilina y las sulfamidas evolucionando el tratamiento que las infecciones por bacterias. Y desde ahí hasta los planteamientos contemporáneos y actuales donde existe una relación directamente proporcional entre evolución de la medicina como técnica, ciencia e investigación y la pérdida de la visión de conjunto necesaria para saber que el principal punto de partida en lo referente a la conservación y restauración de la salud debería de ser el correcto y equilibrado funcionamiento de los mecanismos de balance homeostatico del organismo y sus componentes más íntimos: las células. Algo, que desgraciadamente, es tenido de poco valor por todos esos miles de médicos, científicos, clínicos e investigadores empeñados en encontrar una molécula que de verdad les muestre el primer paso, la piedra angular de la medicina en su máxima expresión, el secreto para encontrar el eslabon perdido en el que la medicina, tal y como está concebida en la sociedad moderna, cure por fin alguna de las enfermedades que asolan como verdaderas plagas a la raza humana.


Si la salud es mucho más que la ausencia de enfermedad conviene recordar entonces que el armónico funcionamiento de nuestros sistemas  y funciones ha de  mantenerse en armonía también con nuestro entorno. En ese estado nuestros sistemas defensivos y los mecanismos inmunitarios de que disponemos pueden combatir y manejar  manejar todos y cada uno de los peligros y amenazas que presenta la vida cualesquiera que sean sus agentes causales. Conviene  recordar que la salud positiva se fundamenta sobre conocimiento integrado de los factores que componen el ser humano holístico. Estructura, función y el gran misterio de la mente, los sentimientos y las emociones que nos gobiernan e interactúan constantemente con los demás factores conformando algo tan único y maravilloso como irrepetible: el ser humano. Algo tan personal e intransferible como cada persona, con sus rasgos diferenciadores pero constituyente de ese gran conjunto evolutivo que es la especie humana.
Si he de contestar a la pregunta original inspiradora de este articulo se me antojan grandes silencios como respuesta. Silencios que permitan espacios de irreflexión para que se abandonen posturas inmovilistas  y se replanteen interrogantes vitales para la supervivencia del ser humano en un estado de verdadera y autentica salud y bienestar. Espacios donde las ciencias sanitarias se encuentren para fundirse en un manantial de conocimiento que aporte, originalidad,calidad, frescor y pureza  a quienes deseen beber de él  con la seguridad de que cada cual encontrará lo que busca: respuesta a sus necesidades. Y de un modo particular y persona quedará saciado y satisfecho como en una fuente en la que cada cual bebe según la sed que siente.
Para unos, un sueño improbable; para otros, el único futuro posible.

Desafortunadamente, encontramos dentro de la medicina natural (holistica) y sin numero de terapias y pseudotratamientos de difícil comprobación en cuanto s sus efectos se refiere, como también es amplio el numero de personas que se dedican a ello sin el conocimiento suficiente del cuerpo humano y sus funciones provocando un medio muy ligado a la charlatanería. La regulación de estas terapias y tratamientos deberá ser regulada para evitar estos conflictos. Por otra parte la medicina actual engargola una bandera de no curar la enfermedad sino mantenerla, lo que lleva a los pacientes al no encontrar solución a sus problemas de salud en un via crucis que va de medico en medico, de laboratorio en laboratorio, de especialista en especialista, de medicina en medicina; sin lograr encontrar el alivio que a sus enfermedades y males necesita. Este es el gran negocio de la medicina actual "mantener la enfermedad no curarla"

  




  

lunes, 7 de abril de 2014

¿ES LA MEDICINA LLAMADA CONVENCIONAL TAN CIENTÍFICA COMO SE PRESUME?.

¿Es la medicina llamada convencional tan científica como se presume?

En esta mañana de domingo creo que es justo elevar a la categoría de post un comentario del médico Juan Gérvas en la lista de correo y debate Dismong sobre medicinas alternativas & medicina convencional. Vaya por delante que creo que Medicina sólo hay una, la que es útil a la persona que sufre, pero como el debate/enfrentamiento entre los diferentes modo de sanar parece eternizarse…
La lista de correo y discusión Dismong está participada por parte de la profesión sanitaria, personas comprometidas y de gran nivel académico (si no estáis apuntaros). En ella se desarrollan debates a veces intensos siempre con respeto y calidad. Estos días algunos profesionales están escribiendo sobre las dos maneras de ver la medicina y alguno, de manera razonada, hace constar la “superioridad” de la medicina convencional sobre las denominadas alternativas o complementarias. Se basa en ello en que la primera es “científica”.
Por supuesto, quienes así lo afirman llevan razón en muchas cosas. Yo también creo que toda medicina antes de ser aplicada ha de probar  su valía. El método científico es de gran ayuda y quizá sea hoy el de mayor utilidad para ello.

Escrito esto, subrayo cada línea de Gérvas en ese debate:
-La medicina convencional se considera a sí misma como medicina científica y de hecho confunde en muchos casos ciencia con estadística e interpreta dogmas como ciencia.
-El problema es que la medicina convencional no se considera a sí misma como pseudociencia y superchería pero, por ejemplo, la evaluación de 3.000 intervenciones de la medicina convencional permite demostrar que sólo el 35% tiene fundamento (y ese fundamento no asegura que tales intervenciones se utilicen apropiadamente).
-El problema es que la medicina convencional no percibe que el “poder positivo” (beneficioso) que tiene implica inevitablemente un “poder negativo” (perjudicial) de manera que desarrolla unaarrogancia académica, profesional y mercantil que provoca millones de muertos en el mundo.
-El problema también es que en la propia medicina convencional, además de la enfermería, la ortopedia, la rehabilitación, la nutrición y demás ramas, la pseudociencia y la superchería son monedas comunes (falsas monedas “científicas”).
-El problema es que la medicina convencional utiliza la locución “Medicina Basada en pruebas (Evidencia, dicen)” para cubrir la superchería de la pseudociencia.
-El problema es, por ejemplo, que el 99% de la población (profesionales incluidos) cree que “el diagnóstico precoz es lo mejor” y en ese dogma pseudocientífico (pura superchería) se sacrifica la salud de millones de personas, convertidas y tratadas como enfermas sin serlo por una medicina convencional que es simple superchería pseudocientífica.
-Cuando el 30% de la población utiliza las medicinas alternativas tenemos un problema de credibilidad y de confianza en la medicina convencional y en el sistema sanitario que la sustenta; si ese porcentaje aumenta peligraría el apoyo a un sistema sanitario de cobertura universal y de organización según la equidad.
-Es una pena que no veamos que cometemos el mismo error de los inquisidores con Galileoy no miremos por el telescopio y estemos dispuestos a quemar a los que miran y por ello ven cosas distintas pero ciertas. 

miércoles, 2 de abril de 2014

ENFERMEDAD A PESAR DE LAS VACUNAS

Niños vacunados padecen un 500% más enfermedades que los niños no vacunados Lizzy Daecher

Se confirmaron las sospechas de aquellos que no confían en la vacunación infantil. Un reciente y amplio estudio corroboró de manera indiscutible investigaciones científicas independientes realizadas con anterioridad, las cuales comparan a los niños no vacunados con los niños vacunados. Todos los hallazgos y pruebas certificadas evidencian que los niños vacunados tienen de dos a cinco veces más enfermedades, padecimientos y alergias, que los niños no vacunados.
Originalmente, el estudio (aún en curso), comparó a los niños no vacunados con los que si lo fueron y cuyo historial médico fue expuesto por una encuesta de Salud Nacional Alemana dirigida por KiGGS. Las cifras se obtuvieron por contraposición y los niños-adolescentes dentro del balance gubernamental ascienden a 17.000. siendo el rango de edad hasta los 19 años.
La investigación continúa en América
Sin embargo, la relación entre Estados Unidos y el estudio de Bachmair puede verificarse en el sitio web VaccineInjury.info que añadió un enlace para que más padres de niños vacunados participen en la encuesta. Hasta ahora, la investigación reúne a más de 11.000 encuestados, y aunque la mayoría de los participantes pertenecen a EE.UU. otros estudios han corroborado la misma información en comunidades foráneas.
Desinformación masiva
Pese los resultados similares y la constatación científica, esta revelación no fue tomada en cuenta por los medios de comunicación masivos MSM (mainstream media en inglés). Ninguno de estos estudios fue financiado por los CDC (Centers for Disease Control and Prevention), ni por la Organización Mundial de la Salud, ni tampoco por ninguna organización nacional (EE.UU.) ni internacional de Salud o agencias profesionales de cuidados médicos (http://healthimpactnews.com).
Las entidades estrechamente relacionadas a la industria farmacéutica operan con ánimos de lucro y no quieren, bajo ninguna circunstancia, comparar la salud de los niños no vacunados con la de los vacunados, ni tampoco estudiar el caso de manera objetiva, por el riesgo de perder su "caballo de batalla" comercial, la "vacunamanía" (manía por la vacunación).
En este marco cabe señalar que el enfoque de la mayoría de los estudios apunta, principalmente, a lasenfermedades infantiles que se producen mientras los pacientes maduran.
Una vacuna dañina en etapa de crecimiento, y sus efectos adversos, representan clientes de por vida para los laboratorios y sus nuevos fármacos pero además, responden a políticas de despoblación.
Un diseño para obstaculizar la verdad Es preciso recordar que solo el 5%, o menos, de las lesiones dramáticas, debilitantes o mortales, producto de las inoculaciones, son reportadas al VAERS (Vaccine Adverse Injury Reporting System) por las siguientes razones:
* Es un sistema complicado que requiere tiempo incluso para los médicos.
* La mayoría de los padres no saben que el VAERS existe.
* Por lo general, sólo se toman en consideración reacciones adversas que ocurren inmediatamente después de la vacunación.
* Aunque el VAERS es voluntario, la mayoría de los doctores no quieren auto-incriminarse por daños relacionados a una vacuna que ellos mismos recomendaron, y prefieren la postura amoral de negar una relación entre los efectos secundarios y las vacunas.
En consecuencia, incluso las más adversas reacciones adversas pasan desapercibidas, mientras los efectos secundarios producidos por las vacunas ni siquiera se consideran.
Diferentes encuestas
Las enfermedades infantiles usualmente listadas en encuestas independientes incluyen: Asma, Amigdalitis Recurrente, Bronquitis Crónica, Sinusitis, alergias, eczemas, infecciones del oído, Diabetes, trastornos del sueño, Enuresis Nocturna, Dislexia, Migraña, hiperactividad, TDA, Epilepsia, depresión, desarrollo más lento en el aprendizaje del lenguaje, trastornos de habilidades motoras.
En 1992, un grupo Neozelandés llamado Sociedad de Concientización sobre la Inmunización (NIC o IAS en ingles) encuestó a 245 familias con un total de 495 niños. Los niños fueron divididos en 226 vacunados y 269 no vacunados.
Ochenta y un familias tenían tanto niños vacunados como no vacunados. La diferencia fue dramática, mostrando una incidencia mucho menor de enfermedades comunes infantiles en niños no vacunados - Estudio.
En otra encuesta realizada en la Isla Sur de Nueva Zelanda, ciudad de Christchurch, llevada a cabo entre niños nacidos durante o después de 1977, ninguno de los niños no vacunados tuvo eventos de asma mientras que casi el 25% de los niños vacunados fueron tratados por asma a la edad de 10 años.
Muchos comentarios de padres preocupados en la encuesta, aún vigente, de Bachmair, en VaccineInjury.info, mencionan el peligro de la vacunación y su influencia negativa en el desarrollo inmunitario natural (http://www.vaccineinjury.info).
Una inmunóloga doctorada que escribió el libro "La ilusión de la Vacuna" (Vaccine Illusion), la Dra. Tetyana Obukhanych, fue contra del dogma de su formación médica y su trasfondo, afirmando que la inmunidad real a cualquier enfermedad no es conferida por las vacunas, sino por la exposición o no a la enfermedad (Informe).
Quizás la encuesta más informal, también vigente, es la llevada adelante por Tim O'Shea, DC, autor de:"Vacunación no es Inmunización" (Vaccination is Not Immunization).
Tim simplemente expone e-mails de padres que no vacunaron a sus hijos y que los comparan con los niños de sus amigos y otras familias que si lo hicieron. Hay más información disponible en su sitio web (http://www.thedoctorwithin.com).

FUENTE: Ecoportal.net